viernes, 3 de junio de 2016

ADJURO…


Desperté! Es joven la noche, pensé. Mientras las imágenes tuyas en mi memoria van apareciendo como palabras en mi ordenador. Emergen como pececitos grises en el agotado estanque de mi cerebro (Calenturiento y agitado). Se presentan apenas como siluetas trabajadas con difumino de papel y con tenacidad estructurarse hasta convertirse en hologramas perfectos es todas sus dimensiones. Definidas, muy nítidas y persistentes. Claro que no tuve conciencia de haberte dado un pase de entrada o tarjeta de invitación a esta obra de drama que me dio por llamar vida. Pero ya estás aquí, y como no estarlo, no podía ser de otra manera, eres así y sabes colarte subrepticiamente por las rendijas de mis necesidades. En mi defensa alego que repetí hasta el cansancio todas y cada una de las mantras para equilibrar mis emociones y alinearlas con la existencia prevista, no fue posible! Esculque más profundamente, en tiempos lejanos y raíces añejas, apele a mis tradiciones chamanicas de mis orígenes, aferrado firmemente a mis ancestros, también fue inútil. Seguías apareciendo por segmentos, fracciones que como en un complejo rompecabezas coincidían perfectamente en todas y cada una de sus partes. Hasta convertirse en ese ente sobrenatural que te desequilibra y te perturba! Pense en Dios! Canto un gallo a la distancia! Pinto un rayo de sol y con él, un trazo de calor!
Amaneció! Y con este acto de vida… tu recuerdo desapareció.


José Gregorio Palencia Colmenares


En la capital espiritual de Venezuela, la madrugada del día de San Quirino de Sisak del 2016.

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