Desperté! Es joven la noche, pensé. Mientras las imágenes tuyas en mi memoria van apareciendo como palabras en mi ordenador. Emergen como pececitos grises en el agotado estanque de mi cerebro (Calenturiento y agitado). Se presentan apenas como siluetas trabajadas con difumino de papel y con tenacidad estructurarse hasta convertirse en hologramas perfectos es todas sus dimensiones. Definidas, muy nítidas y persistentes. Claro que no tuve conciencia de haberte dado un pase de entrada o tarjeta de invitación a esta obra de drama que me dio por llamar vida. Pero ya estás aquí, y como no estarlo, no podía ser de otra manera, eres así y sabes colarte subrepticiamente por las rendijas de mis necesidades. En mi defensa alego que repetí hasta el cansancio todas y cada una de las mantras para equilibrar mis emociones y alinearlas con la existencia prevista, no fue posible! Esculque más profundamente, en tiempos lejanos y raíces añejas, apele a mis tradiciones chamanicas de mis orígenes, aferrado firmemente a mis ancestros, también fue inútil. Seguías apareciendo por segmentos, fracciones que como en un complejo rompecabezas coincidían perfectamente en todas y cada una de sus partes. Hasta convertirse en ese ente sobrenatural que te desequilibra y te perturba! Pense en Dios! Canto un gallo a la distancia! Pinto un rayo de sol y con él, un trazo de calor!
Amaneció! Y con este acto de vida… tu recuerdo desapareció.
José Gregorio Palencia Colmenares
En la capital espiritual de Venezuela, la madrugada del día de San Quirino de Sisak del 2016.







