“Ay!, de aquellos que tengan que morir dos veces, la desaparición física
inevitable y en la memoria de la gente”
José Gregorio Palencia Colmenares.
Inicio este
articulo con la esperanza que más temprano de lo que imagino, deba estar
presentando merecidas disculpas a un amigo, por haber pensado en el como
resultado final de la artera muerte.
Este también, podrá
parecer a algunos de mis lectores como un asunto doméstico, muy lejano, producto
de la crónica de sucesos de una remota provincia de nuestro país.
Solo que, en mi
criterio, la estructura de eventos sucedidos encierra una serie de elementos
que por su naturaleza, tiempo y geografía denotan una situación a todas luces
bastante irregular, por decir lo menos.
Además, sin duda
alguna aporta un digito más al acumulado de la estadística de uno de los delitos
más atroces que pueda realizarse en contra de un ser humano, la desaparición
forzada en nuestro país, cosa que se repite con una frecuencia muy poco
deseable. Con casos tan emblemáticos y mediáticamente cubiertos como el de
Carlos Lanz y el de la joven desaparecida en el Estado Barinas.
Como se titula esta
entrega, ya han transcurrido ocho largos meses, un total de doscientos cuarenta
días de un evento que involucra a un ser extraordinario, un gran médico y mejor
amigo, su nombre RAFAEL RENGIFO.
En una aseveración
exagerada, hasta podría decirse que, en Guanare, la capital espiritual de
Portuguesa, nadie se exime de deber un favor a este eminente médico desde sus
inicio el “Hospital Universitario Dr. Miguel Oraá”, en 1985 hasta el día de su
jubilación.
RAFAEL CELESTINO
RENGIFO OROPEZA, Nació en Valle de la Pascua el 28 de agosto de 1950, Lo que lo
hace un guariqueño por nacimiento, aunque es o fue un guanareño de corazón.
Se recibe en medicina
en la universidad Dr. Lisandro Alvarado, hace su residencia en Urachiche, luego
Cirugía General de la Universidad de los Andes.
De un carácter huraño,
con que disimulaba su bonhomía, un trabajador incansable, tanto que a su retiro
adquirió una pequeña finca para incorporase al proceso productivo del país.
Hasta que la mañana
del 28 de julio del 2021, decidió como todos los días ir a realizar una terea
de campo y desapareció.
Desde entonces eres
la pregunta obligada de quienes nos interesas, luego del saludo:
¿Qué sabes del
amigo?
Luego de ocho
largos meses, que mientras se realizaba el proceso de investigación se
suicidara su encargado por envenenamiento, y después de la actuación de
diferentes órganos de seguridad del estado, aún no sabemos el paradero de este excelente
ciudadano.
Lo más interesante,
como les anuncie, de esta situación, es que el lugar de los hechos es apenas
una unidad geográfica de 10.000 hectáreas, con unas 548 unidades de producción,
donde el promedio de ocupación es de aproximadamente 20 hectáreas, tenga en su
haber, no solo una, si no dos desapariciones forzadas en menos de diez años. La
otra persona desaparecida es el joven Guillermo Exequiel Betancourt, Hijo de un
médico veterinario con una unidad de producción también en la misma zona.
La pregunta
interesante es:
¿Ante que fenómeno
estamos presente?
¿Con cuánto grado
de normalidad debemos aceptar de que un crimen tan atroz, considerado de lesa
humanidad sea tolerable?
Como ciudadano,
debo responder que no existe ningún grado de tolerancia ante estos peculiares
eventos.
Debo también decir,
que hace un poco más de quince días, supe de una nueva actuación del Cuerpo de
Investigaciones Científicas y Criminalísticas CICPC, quienes aún se avocan de
manera empeñosa en función de la resolución científica de este caso, pero hasta
ahora sigue sin resolver.
Mi intención clara
es no dejar desaparecer de la memoria de las personas la imagen de un hombre
que siempre estuvo dispuesto profesionalmente, de una manera muy servicial para
ayudar a los demás.
Decía la Madre
Teresa de Calcuta:
“Quien no vive para
servir, no sire para vivir”
Ojalá estuvieras
vivo mi querido amigo, si no es así, tus verdugos nunca leyeron este mensaje, y
pretenden condenarte a la más injustas de la muerte, el olvido.
Eso, los que te
conocieron, los que se sirvieron de tu talento y bondad, tus familiares, tus
colegas y amigos no se los vamos a permitir.
Recuerden que ser
felices es gratis.
Paz y bien.
Nota: Voy a
solicitar gentilmente a mis editores, que en este artículo sustituyan mi imagen
por la tuya, para que los que te vean te reconozcan.