Han pasado ya pocos días, desde que
por fortuna tuve para mi satisfacción personal, y en medio del programa del
evento que significo la presentación formal al mundo de la literatura de mi
libro “Cuatro Horas en el infierno”, editado por la Editorial Académica
Española (eae). De un encuentro extraordinario con la representación genuina
delante de mí, de lo que significa la palabra “Alegoría” con que titulo este
escrito. La cual por supuesto encierra dentro de sí diferentes modos de
representación, como una figura literaria o una imagen artística, lo que nos
llevaría a la desafortunada confusión entre símbolo y alegoría, de la que nos
hablaba el famoso islamólogo y filosofo francés Henry Corbin. Sin embargo,
cuando contemplaba de extasiada manera aquella puesta en escena, recordaba al dramaturgo
barroco Pedro Calderón de la Barca, en el acto de tema eucarístico auto
sacramental denominado “El verdadero dios Pan”, cuando define así la alegoría:
La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entrambas.
Porque fue en ese preciso momento, que
me percate de lo abstraído que andaba entre los detalles para que todo saliera
con un mínimo de contratiempos, en la parte que me correspondía directamente, así
como el valor de la confianza en tus compañeros de equipo. Debo confesar que
mientras se realizaron los dos ensayos técnicos preliminares, nunca me detuve a
observar el quinto acto del programa de presentación. Este acto estaba
denominado “Lectura dramatizada de poemas”. Y no lo hice porque esta fue una
tarea reservada para sí, del colega escritor, actor y dramaturgo Job Jurado
Guevara, en cuanto a la selección de poemas, la conformación de la puesta en
escena del mismo, así como también la selección de los actores que harían esa
realización. Por lo que, la confianza en la certeza de su criterio estaba
plenamente justificada. Lo cierto es que durante los ensayos, bajo la rutilante
actividad de pruebas de sonidos, de videos, luces cenitales, los actores encargados
del montaje de la escena ni siquiera se hicieron notar. Eran la estricta
representación del arte de lo discreto, la responsabilidad ante el compromiso y
el profesionalismo dedicado. Lihusmar Ostos y Roimbert Peraza son los nombres
de esos excelsos talentos de las tablas, que se hicieron espejos de mis
sentimientos milimetrados, que lograron con sus virtudes remover de inigualable
manera las fibras más intimas que derivaron en la creación de mi obra. Gracias
por tanto amor y capacidad artísticas. Gracias maestro.
Guanare a los cuatrocientos veintiocho
años de su fundación.
José
Gregorio Palencia Colmenares.
(O
lo que queda de él)
