martes, 5 de noviembre de 2019

ALEGORÍA.





Han pasado ya pocos días, desde que por fortuna tuve para mi satisfacción personal, y en medio del programa del evento que significo la presentación formal al mundo de la literatura de mi libro “Cuatro Horas en el infierno”, editado por la Editorial Académica Española (eae). De un encuentro extraordinario con la representación genuina delante de mí, de lo que significa la palabra “Alegoría” con que titulo este escrito. La cual por supuesto encierra dentro de sí diferentes modos de representación, como una figura literaria o una imagen artística, lo que nos llevaría a la desafortunada confusión entre símbolo y alegoría, de la que nos hablaba el famoso islamólogo y filosofo francés Henry Corbin. Sin embargo, cuando contemplaba de extasiada manera aquella puesta en escena, recordaba al dramaturgo barroco Pedro Calderón de la Barca, en el acto de tema eucarístico auto sacramental denominado “El verdadero dios Pan”, cuando define así la alegoría:
La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entrambas.

Porque fue en ese preciso momento, que me percate de lo abstraído que andaba entre los detalles para que todo saliera con un mínimo de contratiempos, en la parte que me correspondía directamente, así como el valor de la confianza en tus compañeros de equipo. Debo confesar que mientras se realizaron los dos ensayos técnicos preliminares, nunca me detuve a observar el quinto acto del programa de presentación. Este acto estaba denominado “Lectura dramatizada de poemas”. Y no lo hice porque esta fue una tarea reservada para sí, del colega escritor, actor y dramaturgo Job Jurado Guevara, en cuanto a la selección de poemas, la conformación de la puesta en escena del mismo, así como también la selección de los actores que harían esa realización. Por lo que, la confianza en la certeza de su criterio estaba plenamente justificada. Lo cierto es que durante los ensayos, bajo la rutilante actividad de pruebas de sonidos, de videos, luces cenitales, los actores encargados del montaje de la escena ni siquiera se hicieron notar. Eran la estricta representación del arte de lo discreto, la responsabilidad ante el compromiso y el profesionalismo dedicado. Lihusmar Ostos y Roimbert Peraza son los nombres de esos excelsos talentos de las tablas, que se hicieron espejos de mis sentimientos milimetrados, que lograron con sus virtudes remover de inigualable manera las fibras más intimas que derivaron en la creación de mi obra. Gracias por tanto amor y capacidad artísticas. Gracias maestro.

Guanare a los cuatrocientos veintiocho años de su fundación.

José Gregorio Palencia Colmenares.
(O lo que queda de él)







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