Hoy
llego a mis manos una imagen espectacular. Por lo marinera y porque en ella
estaba contenido un símbolo de mi juventud. Uno de esos, que como dice el dicho
“Nadie te quita lo bailado”. Me hizo regresar a mis días de motorizado en
uniforme naval, esto fue una mala influencia de un gran amigo y compañero de
armas Antonio Jordana, de mirada altiva, lentes Ray Band, al mejor estilo de
Top Gun, donde cualquier callejuela no era más que otra inexplorada autopista.
Esto para la totalidad de mi ámbito de vida. No había terminado de abrir en su integridad
la imagen y ya nos habíamos conectado. Estaba allí en mitad de la imagen
luciendo unas verdes y hermosas franjas divididas horizontalmente por una de
blanco puro. Nos encontramos de nuevo después de tantos años. Y una de mis
dudas de entonces, la miro como certeza, desde la distancia del hoy. Corría la
primera etapa de los años ochentas y Venezuela ya se estaba perfilando en la
necesidad de hacer cambios o transformaciones en el manejo de ciertos recursos
estratégicos.
Con
una excusa que nunca termino por convencerme, esta necesidad toco la puerta de
la unidad militar a la cual pertenecía. La Dirección de Hidrografía y Navegación
(DHN). Ubicada en el Observatorio Naval Cajigal, en el 23 de Enero. Y de allí
directamente a la Oficina de Señalización Marítima en donde me encontraba. Debo empezar diciendo que la ayuda a la
navegación en Venezuela y en particular los faros, siempre tenían en la
industria petrolera como único proveedor para el material de sus estructuras de
torres donde se colocarían estas señales. Y estos provenían del material
descartado de torres petroleras, la novedad era que a partir de esa fecha ya no
seguirían suministrando a la armada ese estratégico e importante material. Al
frente de ese departamento estaba un oficial excepcional, altamente
comprometido con la patria y con la armada, Su nombre Manuel Fernando Fernández
Correía, éramos muy jóvenes todos y
apenas iniciando nuestra carreras. Asumimos con mucho coraje el reto. “El
militar no se ofrece, ni se niega”, reza
la máxima castrense. La primera decisión fue que todo el material depositado en
la oficina de talleres ubicada en la Base Naval “Agustín Armario” de Puerto
Cabello, sera para construir las grandes estructuras, para los grandes faros
distribuidos a lo largo de las costas Venezolanas. Y de inmediato se empezó una
fase exploratoria de las posibilidades para las pequeñas estructuras que son
muchísimas y que se encuentran en puertos y radas entre otras bases de atraque
para embarcaciones. Yo como hijo de albañil que soy, y con una vasta experiencia lavando tobos,
cucharas y carretillas. Me atreví a plantear la posibilidad de que estas
estructuras fueran sustituidas por estructuras de concreto. Claro que
cumpliendo con todos los requerimientos necesarios para ese fin. Mi jefe me dio
un voto de confianza y me dijo adelante! Deberían ser colocadas con un sistema
de ensamblaje entre sí. Resistentes a la corrosión marina, livianas (vaya
reto), entre otras características. La primera baja fue la de mi vida de pareja
y de recién casado, pasaba largas horas de trabajo sobre la mesa de dibujo que
tenía en mi apartamento, y cuando no, largas noches de estudios de las normas
básicas de fundamentos de ingeniería para ese tipo de estructuras, luego las
normas. En fin cuando ya estuvo listo me hizo la gran pregunta..Tu eres
ingeniero? No, le respondí. Debemos ir a Ingeniería Civil de la Armada para
validar este trabajo. Así que para allá me fui, con mis papeles debajo del
brazo y junto al Capitán Laprea de Ingeniería realizamos la revisión de todo el
trabajo. Incluyendo las pruebas de resistencia de los materiales de agregados
livianos con que finalmente construiríamos las estructuras. En los laboratorios
de la Empresa Aliven C.A. En los valles del Tuy. Luego los revestimientos
epóxicos y las pinturas. Luego el proceso constructivo. Fue un aprender
haciendo junto al equipo de taller donde se encontraban grandes profesionales y
mejores amigos como los maestres Antonio Hurtado Raaz, Nermi Froilán Fernández,
Los Sargentos Dávila Frank y Maduro (QEPD) entre otros. La primera se instalo en el muelle “Mike” que
era el de las fragatas. Luego en la Guaira. Grandes satisfacciones de mi corto
espacio de transito en mi vida militar dentro de la Armada y de la cual
recuerdo me Manuel me solicito la cinta naval “Acto distinguido en tiempo de
paz”, la que no me concedieron por ser un militar de bajo rango y como podían
sentirse alguno de mis superiores según me indico el Comandante de la Unidad
Militar. Yo le expuse mi criterio, muy en contra, por cierto de la doctrina
militar. Solo que esta vez como en muchas, no podía dejar de ser yo. Recuerdo
que se presento una situación muy tensa como la escena de la película Top Gun
2.
En el
dialogo entre el Almirante y el Capitán Maverick.
Cuando
le asegura que personajes como el van directo al exterminio.
A lo
que el Capitán le responde puede que si…pero hoy no!
Mirando
el monumento a la coronación de la Virgen de Coromoto a los 367 años de su aparición.
JOSE GREGORIO PALENCIA COLMENARES
(O lo que queda de él)



