martes, 5 de julio de 2011

CARTA ABIERTA DE LOS MIEMBROS DEL EJÉRCITO BOLIVARIANO DE LIBERACION DEL PUEBLO DE VENEZUELA (EBLPV) AL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.

Camarada comandante! 

Aun hoy parece distante el día, en que las botas de cuatro soldados de la patria, guiados por su comandante, levantaban tolvaneras por la empolvada y larga carretera que nos conduciría al pueblito de “San Mateo”, en el estado Anzoátegui, por allá en el año 77. Veníamos de una extenuante marcha, en la que tu al frente imprimiste un ritmo un poco mas acelerado, quizás porque tu alma estaba mordida por la injusticia de tener que ver como torturaban inmisericordemente a las personas humildes de nuestro pueblo, en nombre y defensa de una falsa democracia y que te llevo como de costumbre a revelarte ante semejante iniquidad. Estratégicamente decidiste, que no pernoctáramos en el pueblo y es de esta manera como, la pequeña elevación que nos proporcionaba el cerro “El Zamuro”, que nos daba la ventaja estratégica de divisar toda aquella vastedad de sabanas, se convirtió en el escenario perfecto, entre un un cielo límpido, tachonado de estrellas y el soplar de una calida brisa oriental, para que unos humildes soldados herederos de las glorias del ejercito de Bolívar, pudiéramos presenciar uno de los tantos momentos de alumbramiento de tu genialidad histórica y contigo hiciéramos el “Juramento de San Mateo”, que nos convertiría en la célula madre de lo que denominaste ese día, el “Ejercito Bolivariano de Liberación del Pueblo de Venezuela” y cuyo propósito fundamental era el de transformar radicalmente la estructura de gobierno hasta lograr el establecimiento de una “Patria Justa, Una Patria Buena para tu pueblo”. Lo que no estábamos ni cercanos de pensar ese día, el Sargento Mario Cesar Núñez Hidalgo y a la postre segundo comandante de aquel ejercito, el Cabo José Dolores Rodríguez Toro, el distinguido Esteban Silva y mi persona es que también estábamos ante la presencia del alumbramiento de lo que hoy nos atrevemos a decir, estaba emplumando el majestuoso “Cóndor Latinoamericano”, que enfrentaría las estúpidas pretensiones de continuar su dominación imperialista del Águila norteamericana. Es por eso mi Comandante en Jefe, mi comandante de siempre, que tuve que encordar mi alma con cuerdas de Coraje y de Rabia, pero de Fe y Esperanza, cuando te escuche por radio, en esa aciaga noche mientras transitaba por una oscura carretera de este llano inmenso Portugueseño, tener que anunciar a tu pueblo, al país y al mundo, con la entereza y valentía que te caracterizan, los acontecimientos de esta hora menguada para la patria. Sin embargo, camarada presidente! En nombre del Guardia Nacional Bolivariano, que pude ver en ese momento, que estaba en su puesto, cumpliendo con su deber pero con una tristeza infinita y como el, miles de miembros de nuestra Fuerza Armada Nacional, en nombre de las almas adoloridas de madres, padres, hermanos, jóvenes, viejos y niños,…Si! Niños, el futuro de la Patria y del planeta Comandante Presidente!, invadidas de consternación, pero con una sencilla y franca oración en sus labios, a favor de tu salud, te hacemos llegar esta humilde pero sincera reflexión, diciéndote que “En tiempos para la grandeza, no cabe espacio para el dolor ó la Tristeza”, y este es tu tiempo comandante. Adelante Carajo! 





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