“Una filosofía de la humanidad se distingue de una filosofía del hombre
por su insistencia en el hecho de que no es un Hombre, hablándose a sí mismo en
diálogo solitario, sino los hombres hablándose y comunicándose entre sí, los
que habitan la tierra”
Hannah Arendt
Los escenarios de
las tribunas políticas en nuestro país, hace bastante tiempo ya; se han convertido
en montículos desde donde se pretende cambiar, con un lenguaje encendido y
altisonante, ciertas conductas adoptadas por un segmento muy pequeño de la
sociedad venezolana, en valores propios de lo que algunos en forma jocosa, yo
diría que irresponsable, denotan como parte de la venezolanidad.
El “viva pepismo”,
“cuanto hay pa`eso”, “yo no quiero que me den, sino que me ponga donde haya”,
son características inherentes de una minoría estridente, los cuales con mucha
facilidad logra impregnar de un malestar injustificable pero muy efectivo a la
otra enorme porción de los venezolanos, estos no son parte de ese
comportamiento, estos no solo lo padecen si no que tienen cargan con la
vergüenza de la generalización estigmatizadora.
De manera
increíble, se profieren hasta amenazas en contra de aquellos desadaptados que
sean atrapados o descubiertos causando tropelías con los recursos que deben
llegar a todos los ciudadanos de este país, como si con eso se pudiera alcanzar
el resultado de pasar un borrador por la conducta de esos “ciudadanos”, lo que
sin duda es un decir.
Al parecer, nuestra
dirigencia política, toda, incluyendo Tirios y Troyanos, desconoce u obvia un
pequeño detalle LA EDUCACIÓN.
El cuerpo de lo que
sería un ente común, llamado sociedad venezolana, necesita con urgencia
acometer una tarea nada sencilla y además su resultado tiene que pasar por un
periodo de larga fecundidad.
Por lo general,
tenemos la creencia que los elementos que conforman nuestro comportamiento
individual y luego por agregación colectiva son naturales y hasta obvios, nada
más alejado de la verdad.
Ciertamente nacemos
con un carácter natural, lo cual es considerado como una lotería, por tanto, debemos
como individuos, abocarnos a la tarea de forjar el carácter llenándonos de
peculiaridades que nos predispongan a actuar con prudencia o con justicia
siempre. Y aunque es una parte individual esencialmente es intersubjetiva, la
hacemos entre todos.
Como dije
anteriormente, la tarea es bastante ardua y de largo aliento, que debe ser
acometida desde el hogar y las aulas desde edad muy temprana, pero existen
normas o comportamientos que debemos empezar a considerar desde este mismo
momento para pretender un cambio real y efectivo en este sentido.
El liderazgo
político tiene una gran responsabilidad en esta tarea. Enrique Dussel afirma:
la política tiene un gran componente de comportamiento imitativo. Desde esa
verdad nos colocaba como ejemplo de que el que le carga el maletín al jefe
civil termina caminando como él.
No se puede ir por
allí lanzando consignas que nos inviten a la construcción de valores, y en
nuestro accionar permanente estar realizando todo lo contrario, el político
está condenado a ser coherente.
Las virtudes
debemos adoptarlas en nuestra vida diaria, entonces las veremos reflejadas
también por proceso imitativo en nuestra sociedad. El empresario empezará a ser
ético, el padre y su hijo, el estudiante y el profesor.
Como mencioné
anteriormente, si son procesos de impregnación las conductas desafortunadas,
ergo también lo son las que nos conducirían a la construcción de virtudes y
estas a la excelencia.
Decía una persona
un falso dilema:
“Como educo a mi
hijo en la honradez y la honestidad si el entorno está condicionado para todo
lo contrario; en Venezuela ser honrado es sinónimo de ser pendejo, y yo no
tengo vocación de educar mi hijo para el suicidio”.
Como el gobierno en
nuestro país está ejercido por los políticos y estos emanan de las
organizaciones políticas, es imperativo que ellas se transformen en micro
sociedades donde la práctica de las virtudes se convierta en un valor. Ahora,
para convencer al militante de que esto es de esta manera, la dirigencia debe
estar convencida, porque quien está poco convencido convence poco.
Estamos obligados a
construir la fórmula que en realidad nos conduzca a construir una sociedad de
valores mínimos de virtudes, en el entendido que, por mínimo son aquellos que
nos separan de las bestias.
Debemos entender
que los elementos de la situación del comportamiento tienen más de una arista,
y que esta es solo una de ellas.
Pero si un
matemático, físico o químico en la construcción de una formula se equivoca en
un valor o un signo de la ecuación, el resultado sin duda será catastrófico y
no es el destino que como buenos hijos de esta tierra necesítanos, ni
merecemos.
Recuerden que ser
felices es gratis.
Paz y bien.
1 comentario:
Excelente ya tienes mucho material para escribir un libro de filosofia de la vida.
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