Y cuantas veces nos ha pasado
que perdemos para siempre, por orgullo
la grandeza de un amor por ignorar
que era nuestro, no solo mío o solo tuyo.
Nos pasamos la vida buscando el amor como desesperados
Este sin duda es esquivo, baboso o inalcanzable
Lo seguimos e intentamos atraparlo como libélulas en el aire
Como conejos en el prado o peces en el estanque
Hasta sentirnos sedientos, frustrados y cansados
Vamos a vivir lo que nos toca
Total el mundo se equivoca
Pero nunca los enamorados
Al saber que te marchabas sin querer
Para evitarme este dolor desesperado
Pude haberte dicho una o mil cosas
Pero no pude abrir mi boca
Quédate era lo indicado
Como suicida solo se me ocurrió exclamar
Cierra al salir, pon el cerrojo
Para que no asalte mi alma un abejorro
Que cuando tu silueta ya no mire
Es porque muerto están mis ojos.
JOSE GREGORIO PALENCIA COLMENARES
(O lo que queda de él)
En la madrugada del día del Beato Turstano
Hunt, del Dos mil diecisiete. Mártir al querer liberar un misionero cuando era conducido prisionero, apresado y
condenado a muerte por ser sacerdotes bajo el reinado de Isabel I.

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