COMENTARIO
Tengo que confesar que ayer llego a mis manos una producción en audio que hacia alocución respecto a mi trabajo, mientras la escuchaba no podía atinar en decidir si dedicarme a oír la magnifica disertación con tan delicada elocuencia o por el contrario concentrar mi atención a comprender la genialidad de la interpretación literaria de mi trabajo.
No fue si no hasta esta mañana que pude leer con detenimiento el escrito, que pude amalgamar la expresión oral del juglar primoroso y el pensamiento critico del académico riguroso. Si no fuera por el conocimiento pleno de la inconmovible integridad intelectual del autor, estaría dudando a favor de un juicio benevolente y permisible de su parte ante el amigo.
Es que escuchar y leer o leer y escuchar, semejante pieza de oratoria respecto a la humilde tarea de expresar lo sentido para no morir de angustia, no deja de ser un ejercicio sorprendente de asombro respecto a las capacidades que puede desarrollar el ser humano solo con la disposición de tratar de serlo! En mi caso es lo único que me mueve a expresar en palabra y en este estilo mis sentimientos.
Pero cuando esa militancia persistente en los valores que nos identifican, cuando las circunstancias por mas adversas que sean no logran separarnos de nuestra irreductible posición de soñadores, nos elevan a estadios de conductores con la palabra y logramos la concreción de una obra para ser leída por muchos o por pocos, podemos decir sin temor a equivocarnos..vamos ganando!
Es por eso que quiero compartir con ustedes la creación de un libre pensador, un catedrático, dramaturgo y mejor amigo el Profesor Job Jurado para mi segundo poemario "CUATRO HORAS EN EL INFIERNO".
Gracias maestro.
PROLOGO
Cuatro horas en el infierno, poemario escrito desde el dolor que se gesta a través del silencio, desde la impotencia, desde el querer decir y no poderlo.
Es una escritura donde predomina la sensibilidad, donde las imágenes se conjugan en la musicalidad del verso. Cada verso arranca de la piel ese pedazo de alma que se desvanece inmuta, que es barro sacramental elevado desde la plegaria y el recitar del dolor profundo.
Su autor es igualmente un diestro en la batuta, subraya en cada nota lo que al oído es clemencia; es esa suerte de director de orquesta que atina a escudriñar en las emociones y sensaciones del entendimiento humano. Un entendimiento que invita a pensar, que implora el sentir de que la palabra no quede suicidada en la garganta; que la lágrima se recoja en el copioso suspiro del sentimiento: dolor.
Cuatro horas en el infierno, poemario que resume en tiempo gramatical doscientos cuarenta minutos, de un reloj que no detiene su andar sigiloso. Avanza y retrocede, hace fotogramas de una sentir centro americano, de un padecimiento Nuestro Americano. Tiempo en el que un dramaturgo construiría la tragedia y la comedia en un nuevo género para la literatura de los sentidos.
Cuatro horas en el infierno, poemario en cuyas hojas quedan depositados los versos no contados. Los versos son cantos y los cantos gregorianos acá, son música ligera de un domingo, apartado de lar nativo. Y en ese canto, todo el dolor de uno, se hace el dolor de todos y comulga con un obscuro ¿Por qué tanta indiferencia? Los cantos invocan a un Dios para persuadir al Caronte en su barca navegante en lava hirviente. Es el navegador que acude a sabiendas a su naufragio.
José Gregorio Palencia, es un navegante de la poesía, en la proa eleva oriflama la nomenclatura de la paz. Del poeta se sabe poco, no obstante de él estriba el pensamiento de un hombre que busca en la palabra escrita, el porqué de las pasiones, amores y desamores de la vida.
Y es así como J.G. Palencia (o lo que queda de él) cual le escuchamos al sorber el vaso de licor, con lo poco o mucho depositado, invita a degustar de esta copa llena que es el libro.
Este poemario no necesariamente puede ser leído en el orden que se presenta. Comience a leer como mejor le apetezca, al final usted lector, será cómplice intencional, será juez y testigo del porqué en el infierno, las horas cual tic tac; pasan, pasan, pasan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario