Para Leire.
Dorana y Eduardo
Dos padres excepcionalmente amorosos.
Dos padres excepcionalmente amorosos.
Era una tarde extraña guanareña. Había
estado lloviendo copiosamente durante buena parte de ella. Me toco esperar
mientras llegabas. Estaban haciendo por ti, lo estipulado por la norma,
burocratismo se llama. Pase a mirar un retrato de mi padre. Me gusta esa
sonrisa que tiene. De pronto ceso de llover, era como para que llegaras ya, sin
tantos contratiempos. El cielo se dispuso para ti de un color azul transparente
y algunas nubes grises se llenaron de blancura. Pensé en mi pana, Dios le
llaman algunos. No dije nada, él sabía a lo que me estaba refiriendo.
Dicen que la muerte nos hace igual a
todos. Que en ese momento no existen diferencias. Yo no estoy de acuerdo con
semejante afirmación. Puesto que me parece terriblemente inhumano, cuando quien
se despide de este plano terrenal es un niño que apenas acaba de nacer y las
cuentas de su vida están en cero.
La muerte es un hecho cierto, el cual
debemos aceptar con naturalidad por ser parte del circuito de la vida. Sin
embargo opino que los niños no beberían
morir. Parece una locura, pero es lo que pienso y a quien importaría.
Que es inevitable, lo reconozco y
acepto, sin embargo pienso, que si esta suerte se hace presente, sus cuerpos
deberían tener mejor destino. Los niños durmientes eternos no deberían reposar
junto a adultos muertos, a esperanzas rotas, anhelos frustrados, deseos
postergados. No deberíamos mezclarlos y embarrarles sus inmaculados sueños, con
recuerdos de viejos, aunque estos recuerdos fueran viejas alegrías de gentes
añejas.
Pienso que esos ángeles deberían ser
ubicados en otros espacios, lejos de esos lugares de dolor y pena. De llanto y
tristeza. De oscuridad y aguda sordera.
Debemos abrir un espacio en la
conciencia humana y tratar de ubicarlos en un lugar de reposo abiertos, siempre
iluminados, donde a pesar de la tristeza, reine un poco la alegría que nos
trasmiten las imágenes de conejos, venados, columpios, toboganes, muñecas de
trapos y golosinas. Yo me quedo con la imagen de un parque de diversiones a un
lugar de sombrío cementerio.
Sus cuerpos no deberían ser encofrados
en tristes ataúdes, aunque estos sean blancos y pequeños, si no en recipientes alegres,
con figuras de castillos de princesas, caballitos de mar, de tierra o carritos
de bomberos.
Sin embargo lo peor estaba por venir.
La deshumanidad se hiso presente ante mis ojos, cuando observe un enorme
agujero de dos metros de largo, por uno de ancho. Increíblemente profundo,
delimitado por mampostería burda de concreto gris húmedo, en un concepto de
eliminación y olvido desquiciadamente adulto. Estabas colocada en el centro de
ese lugar enorme, cuando solo eras solo del tamaño de dos palmas de mi mano. Como
colocar una horrorosa tapa de concreto con más de cien kilos de peso, sobre ti,
que aunque se, que tu alma ya no está allí, solo merecías ser cubierta por alas
de mariposas de colores, plumas de colibrí o pétalos de flores.
La febrilidad de mi ser no pudo mas
con tanto, de lo poco, que en oportunidades solemos ser. Por eso extrañamente me
vi tomándote de la mano y salir caminando de ese horrendo lugar, contándote de
“Panchito Mandefuá” de José Rafael Pocaterra, el niño que ceno con el niño
Jesús. Solo entonces y allí encontré mi paz.
Hoy pienso que a alguien debe
ocurrírsele un espacio adecuado para el reposo de nuestros niños. Sin darnos
cuenta, nos acostumbramos a hacer las cosas, porque es así como lo hacemos por
aquí. Sin ni siquiera de intentar pensar en hacer algo distinto.
Fue entonces cuando me percate, que en
muchos otros ámbitos de la vida nos ocurre lo mismo.
Nosotros somos culpables.
“La deshumnanizacion nos traga y nos
separa, cuando conseguimos razones para justificar cualquier acción que nos
hace militante de una causa alejada de la humanidad”.
“No se pregunte si es malo o bueno,
justo o injusto, si es a favor de uno o de millones, solo pregúntese si es
humano”.
“Construyamos un gran pote de
voluntades a favor de lo humano”
La fecha de hoy es una razón para recordarte
para siempre, que Dios te bendiga. En Guanare.
JOSE GREGORIO PALENCIA COLMENARES.
(O lo que queda de él)

No hay comentarios:
Publicar un comentario