Es curiosa la manera como se presenta la historia, tan curiosa que se hace presente y se vislumbra futuro inalterable, contumaz me atrevería a decirlo. Solo la magia de la pluma extraordinaria del dramaturgo Tomás Jurado Zabala, y la itinerantica invitación de un virtuoso de la dirección con la estatura de Carlos Arrollo, llevan a un grupo de excelentes actrices y actores a proferir “Cumbre” en las colosales elevaciones de las tablas con La Compañía Nacional de Teatro de Portuguesa. Si bien es cierto que a decir de Julius Lester de manera critica “ En la escuela nos enseñan la historia como si se tratara de una sucesión de grandes hombres…” y replicaba “ Los héroes son necesarios solo en una sociedad donde el hombre no alcanza la plenitud y debe buscarla a través de la vicaria experiencia de identificarse con ellos”.También es supremamente cierto que los escribidores de la historia siempre borran de sus relatos las incomodidades y resquemores que les otorgan ciertos héroes. Ese era el caso de Argimiro Enrique de La Santísima Trinidad Gabaldón Márquez para los cronistas impúdicos de nuestra república, a pesar de su preparación académica, su estirpe familiar, llegaron a reducirlo a la denominación de “bandido” como se leía en los panfletos que se posaron en los doseles arbóreos de la flora montañosa de Lara y Portuguesa o en la chivata prensa de entonces.
Nunca consideraron el criterio de Perla Pietrich cuando descifra que..”La oralidad, esa voz de mitos, cuentos, historias, palabras que bajo la forma de sustratos de escritura americana se convierten en elementos fundamentales de nuestra realidad identificadora”, si hubieran acabado con la memoria de los habitantes de esas serranías “Chimiro hubiera llegado a nuestros días en formas de grabados sobre las piedras perpetuas de nuestros terrosos caminos de la montaña.
El “Comandante Carache” está hoy en el Panteón Nacional, por justicia de un justiciero que hoy ya no está físicamente entre nosotros. Estamos hoy no reivindicando la experiencia de vicariamente parecernos a él, si no con la plenitud de sabernos asistido hombres con el derecho de auxiliar a los desfavorecidos, hacernos “ellos” en su conjunto y en cada una de sus individualidades. Porque a pesar de lo transcurrido aun se sienten las mismas penalidades de entonces.
Decía William Shakespeare de la palabra..” “paja para el fuego que hay en la sangre”, y si además llega exponenciada con la fuerza de la actuación de cada uno de sus actrices y actores, convierte a cada puesta en escena de la “Cantata Argimiro Gabaldon” en un volcán de la conciencia en cada uno de sus espectadores. Quiero finalizar mi reflexión con un fragmento de una canción del poeta Ali Primera que dice…” Sera panfletaria, pero milito con ella. Hasta cuando esa mariquera que canción dis´que protesta, dejando bajo de la mesa el meollo del problema”.
Felicitaciones por su excelente trabajo.
Jose Gregorio Palencia Colmenares
(O lo que queda de él)
(O lo que queda de él)
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