miércoles, 12 de septiembre de 2018

DE BARCOS Y ELEFANTES.


Los barcos terminan como los elefantes
mostrando sus blancuzcos huesos al cielo.

Coloso de acero tendido de lado sobre el suelo
Mientras que salobres y curtidas aguas
apenas bañan su desgastado cuerpo
que hombres hambrientos desguazan con las manos
que asemejan sin vergüenza cual  hormigas y gusanos.

Como con tus viseras vetusto y fenecido elefante
Esparcidas sobre el candente suelo africano
los carroñeros se enfrentan en infernal contienda
repartiendo su preciado botín sin diferencia
que los separe entre bestias y humanos.

Son expuestas viejo navío tus cuadernas corroídas
como de ti viejo elefante las hebras de costillas
Los sopletes combinan su gaseosa y ardiente estela
que hiere sin piedad para romper tus mamparas
Agujereando tu cuerpo fuerte
Ignorando con inusitada desvergüenza
 tu dignidad de estanco, de seguro barco

Ya no están tus bronces o aparejos
como tu piel de elefante sobre tu cuerpo
Ni tus colmillos de marfil, ni tu vergüenza
No escaparan ahora ya inertes
de la furia enceguecida de bestias o de gente
Como tu navío altivo y prepotentente
que escapaste del Leviatán una y mil veces.

Los sopletes de la sed copulan en tu reseca piel
Mientras tu alma se seca sin remedio
Por la usencia de las mieles en tu sangre
Fuiste a ese lugar, a tu última morada
A enfrentar la ignominia  sin otra suerte.
Que la dignidad de tu cita con la muerte.

En el dia de Felipe Benizi (o Benicio), Santo. Al tercer dia de arribo a puerto del barco de la certeza.

JOSE GREGORIO PALENCIA COLMENARES
(O lo que queda de él)


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