Los barcos terminan como los elefantes
mostrando sus blancuzcos huesos al
cielo.
Coloso de acero tendido
de lado sobre el suelo
Mientras que salobres
y curtidas aguas
apenas bañan su
desgastado cuerpo
que hombres
hambrientos desguazan con las manos
que asemejan sin
vergüenza cual hormigas y gusanos.
Como con tus viseras vetusto
y fenecido elefante
Esparcidas sobre el
candente suelo africano
los carroñeros se
enfrentan en infernal contienda
repartiendo su preciado
botín sin diferencia
que los separe entre
bestias y humanos.
Son expuestas viejo
navío tus cuadernas corroídas
como de ti viejo
elefante las hebras de costillas
Los sopletes combinan
su gaseosa y ardiente estela
que hiere sin piedad
para romper tus mamparas
Agujereando tu cuerpo
fuerte
Ignorando con
inusitada desvergüenza
tu dignidad de estanco, de seguro barco
Ya no están tus
bronces o aparejos
como tu piel de
elefante sobre tu cuerpo
Ni tus colmillos de
marfil, ni tu vergüenza
No escaparan ahora ya
inertes
de la furia
enceguecida de bestias o de gente
Como tu navío altivo
y prepotentente
que escapaste del
Leviatán una y mil veces.
Los sopletes de la
sed copulan en tu reseca piel
Mientras tu alma se
seca sin remedio
Por la usencia de las
mieles en tu sangre
Fuiste a ese lugar, a
tu última morada
A enfrentar la ignominia
sin otra suerte.
En el dia de Felipe
Benizi (o Benicio), Santo. Al tercer dia de arribo a puerto del barco de la
certeza.
JOSE
GREGORIO PALENCIA COLMENARES
(O lo
que queda de él)

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