“Es peligroso entrar sin látigo en la jaula de los
recuerdos: muerden”
Gesualdo Bufalino
Yo diría que en oportunidades te acarician el
alma.
José Gregorio Palencia Colmenares
(O lo que queda de él)
Debo confesar que eso de
andar por la vida haciendo alardes y derroche de mis emociones, no es
precisamente una cualidad en mi persona. Tampoco voy a tratar de explicar ese
particular comportamiento, ya que en oportunidades ni yo mismo creo saberlo.
Sin embargo hoy quiero
compartir con ustedes esta confidencia, porque está motivada por dos razones y
en mi parecer ambas son sin duda extraordinarias.
Este articulo debería
llevar por título “Hoy volví a ver
sonreír a mi padre”. ¿Saben por qué? Porque en efecto hoy muy temprano lo pude
volver a hacer. Y casualmente en el día de la mujer, aprovecho para mandarles
una felicitación a todas, fue una de ellas la que me regalo este sentimiento
hermoso que ahora me acompaña.
Hubo que confabularse el
atrevimiento de una sobrina, María José Palencia Cortez, a quien agradezco y
felicito por la iniciativa, que con la oportunidad que nos ofrece la tecnología
y con una imagen inanimada de mi padre en sus tiempos de salud, para lograr el
milagro de permitirme verlo sonreír nuevamente. ¡Fue extraordinario! ¡Fue
maravilloso! Me hizo como nunca abrir mi alma al sentimiento hermoso del amor y
desde allí dibujar sobre mi rostro otra sonrisa.
Fue un momento mágico. Esa
realización, en el caso de mi padre, es casi perfecta. Y en diez segundos
coloco en su rostro las expresiones de sus sentimientos más maravillosos.
Primero sonríe, luego fija su mirada con atención y por ultimo pasa a ser
dubitativo. En esencia eso era él. No fue una burda mueca producto del afán de
mi necesidad de verlo, reproducida por un artilugio tecnológico de baja
calidad, ¡no! Artísticamente hablando fue un excelente trabajo. Entonces me
pregunto hasta donde vamos a llegar. Que tanto somos capaces de hacer por
atrapar en nuestras necesidades lo que nos satisface. Y de repente sentí una
extraña sensación de desasosiego.
Atrevido somos los seres
humanos. Maravillosos somos los seres humanos.
Así que hoy renuncio a
seguir pensando en las futuras consecuencias de los avances tecnológicos y me
quedo con el hermoso recuerdo de un ser humano muy recio, de poco demostrar sus
afectos, pero que cuando lo hacía, lo daba con un corazón grandote del tamaño
del cielo de la sabana, y que por fortuna fue y será siempre MI PADRE.
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