“Si al que no tiene tiempo para mirar las nubes que
vuelan sobre sus cabeza, las hojas que el viento agita, el agua que corre en el
arroyo y las plantas que crecen en sus orillas, le dijera yo, que la vida es
triste y me tendría por un loco”
Simón
Bolívar.
Así como por loco
cualquiera me tendrá, cuando como Guanareño, como campesino y como hombre de
armas, pero esencialmente como Bolivariano, insuflo mi pecho de emoción cuando
me detengo delante de la majestuosidad hermosa y humildemente arrogante,
plantando cara delante de un ejemplar característico de su tipo que se
encuentra atravesado como a propósito, en la calle numero uno de la ciudad,
para hacerse visible hasta por la fuerza, solo para sentirme amorosamente
cobijado por las sombras agradablemente frescas que proyectan sus frondosas
ramas, en el efervescente calor del sol incandescente de cualquier tarde de verano
en este llano inmenso.
Ese es solo un samán, dirá
cualquiera que no conozca el simbolismo que representa este ejemplar dentro de
la memoria del gentilicio de este lugar. Toda persona hijo de este suelo o que
lo haya elegido para plantar semilla amorosa y se considere heredero de la
historia y cultura de esta tierra, tiene grabada en la memoria el texto de un
viejo cartel que durante años ha permanecido clavado en un costado de la
mampostería que conforma la estructura
de este humilde pero fastuoso monumento, que dice:
“En este lugar señala la tradición descanso el ejercito
Libertador de las fatigas de la campaña admirable en 1.813”
Así fue, es y será siempre
en nuestra memoria oral y escrita, “Los
Samanes, trozo de historia internamente ligada a la del pueblo y de la patria,
si recordamos que fue allí donde tomaron merecido descanso los ejércitos
comandados por el Libertador después de derrocar a Antonio Tizcar en las
sabanas de Barinas….”, relata también un gran Guanareño como fue el Doctor Alfredo
Gómez Álvarez o Chero Gómez, como lo
llamaban sus amigos en su libro LA PEQUEÑA HISTORIA DE LA CIUDAD
CUATRICENTENARIA, editado por el Congreso de la Republica en noviembre
de 1.991.
En su majestuosidad
pudiéramos imaginarlo como un faro que irradia desde su centro de pivote, un
haz de luz histórica que involucra el antiguo convento de San Francisco, que
era regentado por la mano luminosa del Monseñor José Vicente de Unda, a la
postre primer instituto de educación superior publica, por solicitud de este al
Libertador Simón Bolívar, hecho que se dio el 16 de Mayo de 1.825 por decreto
desde la vicepresidencia de la Republica
como Colegio Provincial de Guanare.
La Casacoima hermosa por su fastuosidad, que en esos tiempos
sirvió como sede de la compañía Guipuzcoana, donde sucedieron eventos
extraordinarios y significativos que determinaron, como se plantean en los
tratados de la guerra de pensadores como Zun Tzu o Carl Von Clauzewitz, en la
táctica y la estrategia recursos extraordinarios para hacer peso en la balanza
a favor de la causa de independencia.
Como estos lugares muchos
otros, porque nuestra ciudad está saturada de historia, pero hoy solo quiero
contarles de este árbol que mece sus ramas de manera acompasadamente armoniosa
por la brisa que viene desde las sabanas y que se encuentra hoy amorosamente
vigilado y protegido por el Instituto Nacional de Parques Órgano adscritos al
Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Aguas.
Paz y bien.
Este es el árbol del que les estoy hablando.
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