miércoles, 12 de enero de 2022

UN BELLO SAMAN PARA EL SAMAN DE BELLO. Con este articulo participe en la revista.

“Si al que no tiene tiempo para mirar las nubes que vuelan sobre sus cabeza, las hojas que el viento agita, el agua que corre en el arroyo y las plantas que crecen en sus orillas, le dijera yo, que la vida es triste y me tendría por un loco”

                                                                                                                  Simón Bolívar.

 

Así como por loco cualquiera me tendrá, cuando como Guanareño, como campesino y como hombre de armas, pero esencialmente como Bolivariano, insuflo mi pecho de emoción cuando me detengo delante de la majestuosidad hermosa y humildemente arrogante, plantando cara delante de un ejemplar característico de su tipo que se encuentra atravesado como a propósito, en la calle numero uno de la ciudad, para hacerse visible hasta por la fuerza, solo para sentirme amorosamente cobijado por las sombras agradablemente frescas que proyectan sus frondosas ramas, en el efervescente calor del sol incandescente de cualquier tarde de verano en este llano inmenso.

Ese es solo un samán, dirá cualquiera que no conozca el simbolismo que representa este ejemplar dentro de la memoria del gentilicio de este lugar. Toda persona hijo de este suelo o que lo haya elegido para plantar semilla amorosa y se considere heredero de la historia y cultura de esta tierra, tiene grabada en la memoria el texto de un viejo cartel que durante años ha permanecido clavado en un costado de la mampostería que  conforma la estructura de este humilde pero fastuoso monumento, que dice­:

 

“En este lugar señala la tradición descanso el ejercito Libertador de las fatigas de la campaña admirable en 1.813”

 

Así fue, es y será siempre en nuestra memoria oral y escrita, “Los Samanes, trozo de historia internamente ligada a la del pueblo y de la patria, si recordamos que fue allí donde tomaron merecido descanso los ejércitos comandados por el Libertador después de derrocar a Antonio Tizcar en las sabanas de Barinas….”, relata también un gran Guanareño como fue el Doctor Alfredo Gómez Álvarez o Chero Gómez, como lo llamaban sus amigos en su libro LA PEQUEÑA HISTORIA DE LA CIUDAD CUATRICENTENARIA, editado por el Congreso de la Republica en noviembre de 1.991.

En su majestuosidad pudiéramos imaginarlo como un faro que irradia desde su centro de pivote, un haz de luz histórica que involucra el antiguo convento de San Francisco, que era regentado por la mano luminosa del Monseñor José Vicente de Unda, a la postre primer instituto de educación superior publica, por solicitud de este al Libertador Simón Bolívar, hecho que se dio el 16 de Mayo de 1.825 por decreto desde la vicepresidencia de la Republica  como Colegio Provincial de Guanare.

La Casacoima hermosa por su fastuosidad, que en esos tiempos sirvió como sede de la compañía Guipuzcoana, donde sucedieron eventos extraordinarios y significativos que determinaron, como se plantean en los tratados de la guerra de pensadores como Zun Tzu o Carl Von Clauzewitz, en la táctica y la estrategia recursos extraordinarios para hacer peso en la balanza a favor de la causa de independencia.

Como estos lugares muchos otros, porque nuestra ciudad está saturada de historia, pero hoy solo quiero contarles de este árbol que mece sus ramas de manera acompasadamente armoniosa por la brisa que viene desde las sabanas y que se encuentra hoy amorosamente vigilado y protegido por el Instituto Nacional de Parques Órgano adscritos al Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Aguas.  

Paz y bien.




 

 



Este es el árbol del que les estoy hablando.

La imagen pertenece a una gran amiga y excelente fotógrafa profesional su nombre:

Sonia Jaramillo.

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