Existe en nuestros entornos, lugares con características especiales que hacen de ellos una fuente enriquecida de vibraciones en frecuencias que, con la sintonía correcta logran transmitirnos sensaciones que suelen por lo general mover nuestras emociones, que sin aparente razón nos retrotraen a situaciones que ya estuvieron presentes en nuestras vidas.
Dice Gesualdo Bufalino que: Es peligroso entrar sin látigo a la jaula de los recuerdos, muerden. Para exponer con suma claridad la vulnerabilidad que en oportunidades manifestamos ante su presencia. Cualquiera que me lee pudiera asociar esta afirmación solo con aquellos recuerdos del pasado que en su momento fueron enmarcados con cañuelas de dolor y que nos oprimen con la misma intensidad que entonces. Yo estoy convencido que la relación que existe entre la vivencia pasada y tu realidad o circunstancia presente cuando se trata de los recuerdos felices en circunstancias presentes de dolor o angustia te llevarían de igual manera a la desazón desde la añoranza.
Como los recuerdos felices en circunstancia felices del presente te colocan frente al resultado de todos ganan ó Toma todo en el trompo de la fortuna cuando te decides a tirar la parada. En fin este ejercicio de verborrea inútil está presente, solo para resaltar mi presencia junto con la excelente profesional de la fotografía y mejor amiga Sonia Jaramillo en una casa ubicada en el corazón de la comarca Guanareña.
Expresamente la defino así, porque así debió ser Guanare cuando construyeron esta augusta casa. Desprovista de símbolos de ostentación ni nada parecido, pero revestida de utilidad, practicidad y confort para convertirla en un refugio de familiaridad. Allí nos recibieron dos grandes amigos que conforman la familia Cuevas Valera. Mi compadre Juan Carlos y su esposa Yahaira, Conchita para la amistad y el arte.
Fueron momentos donde la emocionalidad nos llevo a lo íntimo de nuestros sentimientos humanos que se desbordaron como rio crecido y cogieron la vega pa´potrero. Todo bajo la mirada de un tótem que vigilaba desde el horcón del zaguán.
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