lunes, 24 de enero de 2022

MAGIA.

 

Siempre he afirmado que sin duda alguna la magia existe, solo que para hacerla realidad debes colocarte el traje de mago. También afirmo es mis conferencias y conversatorios que la vida nuestra conspira permanentemente para no permitir dejar entrar a nuestra cotidianidad las pequeñas alegrías que te harán sonreír de nuevo hasta el día de mañana. Lo digo, porque tuve que ponerme serio a mis circunstancias para permitirme asistir a un evento al que había sido gentilmente invitado. Un evento de los que me gusta estar, solo por el divino placer de constatar que nuestra mayor riqueza vale nada, porque Dios nos la entrego de manera gratuita, cuando nos doto de nuestros sentidos. Ver, oler, palpar, degustar y escuchar es una experiencia extraordinaria cuando tu ser se entrega sin recato al disfrute de cada experiencia.

Es así como fui a dar con mis envejecidos huesos hasta las instalaciones del Instituto de la Cultura de mi ciudad, que puede y quiere ser la suya cuando se decida a venir a conocernos. Allí tenia pautada una cita con una mujer, que otra razón pudiera ser más interesante.  Era un compromiso con la inteligencia aguda nacida desde el conocimiento, del estudio permanente y quien me proponía a mí y a toda la audiencia una conversación ligera e interesante como solo ella es capaz de hacerlo. Pero en el fondo sabía que no se conformaría solo con las palabras y que nos propondría una puesta en escena de lo que vendría porque es una extraordinaria actriz de las tablas. Es así entonces que me encontré de frente un cuadro maravilloso, regio y soberbio, cuando la mire llena de garbo y prestancia en su traje hermoso de dignidad de los años que adornan a la mujer madura. Una seguridad inquietante producto de saberse interesante y amena. Las palabras se me hacen pocas al tratar de hacer honor a tan esplendorosa imagen, a mí, poeta y escritor. Se que con la mirada que en cada uno de los espectadores llevara retratada en la retina de sus ojos una mejor descripción de lo que aquí te hago. Sin embargo el ejercicio vale la pena.

Teníamos que tener una excusa para robarnos a la vida este precioso instante y nada más justificada que la literatura, La edad de la presbicia de Elizabet Jorge fue la sobre mesa que nos reunió y a las que nos sedujo al más primoroso estilo de su voz.

Gracias Gumercinda.


Profesora Gumercinda Hidalgo.

Narradora y excelente actriz de teatro

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