Guanare 24 de enero del 2.022.
Estimados
amigos de la cultura.
saludos
cordiales.
Esta circunstancia, que
celebro, esta signada como toda actividad humana con el estar o con su
ausencia, la indefectible presencia del carácter de cada participante o grupo
que se hace presente.
Es por esta razón que voy a
tratar de desnudar para ustedes, aunque sé que, sin despejar todas las
sospechas para algunos, lo que constituye mi intención al elaborar este
documento. Lo hago de esta manera con la intención expresa de que nadie se tome
la iniciativa de agregar o quitar una coma de lo acá expresado.
Es mi deseo de hacerlo con un
lenguaje sencillo, aunque los conceptos vertidos sean en oportunidades de uso
en ciencias académicas, para llegar con meridiana claridad a todos los
interesados, contrario a lo que decía una amiga en días pasados, tratar de
enturbiar el pozo para que parezca profundo.
Debo decir en primer lugar que mi presencia dentro de este movimiento obedece única y exclusivamente a dos razones, la responsabilidad de la participación y el compromiso de la acción, parafraseando a Jean Paul Sartre.
Ya que existen actitudes ante iniciativas como estas, como la de revolver suficientemente el agua para que fracase y nadie sacie su sed, o esperar a que el agua aclare dentro del cántaro para abrevar de ella.
Como resultado de esta
disposición, dejo para ustedes esta reflexión; la cual reitero es de carácter
muy personal, ya que no tengo ninguna cualidad de representar a nadie.
Tampoco lo hago para que se
convierta en la lumbrera que ilumine el camino de la cuestión planteada, lo que
sería una pretensión “per se” demasiado inútil e igual de estúpida, si no como
un criterio que necesariamente debe ser sometido bajo la lupa, para obtener una
opinión al respecto; desde el criterio de cada uno de ustedes
Ni es mi interés ir contra
nada o nadie en particular, ya que no tengo razones para pensar que pueda
existir una mente perversa en el mundo cultural portugueseño que nos quiera
mantener en esta situación, que a mi parecer coincide más con una expresión
oída en uno de mis conversatorios, cuando afirmaba para describir una mala
relación que: “No es que amamos, nos acostumbramos”.
Lo que pretendo es que
podamos hacer una acción consensuada por la cultura, en que se identifiquen
cada uno de los elementos que nos afectan y que se platee la solución de la
misma manera, cuyo valor sea la participación de todos y para todos, con un
slogan que leí en un viejo afiche por allí que decía “Todos en un mismo
sentido”.
Antes de continuar con esta
reflexión quiero realizar dos reconocimientos:
El primero es de carácter
individual. Se trata del Maestro formador, profesor del sistema nacional de orquestas
y coros juveniles e infantiles de portuguesa, núcleo Guanare. Carlos Mínguez,
por su ardua y constante labor de muchos años dedicado al estudio consiente de
la estructura jurídica que nos rige como ciudadanos de este país y como
elementos sujetos de ley en los aspectos culturales.
Sin embargo, el maestro es un
ciudadano crítico e investigador permanente del sistema jurídico establecido,
el cual según su experiencia nos propone la necesidad de hacer viva la letra de
lo que ya está estatuido, reformas en lo que tiene que ser cambiado, con la
finalidad siempre de la eficiencia de la aplicación de la norma y la
construcción de nuevos derechos, razón fundamental para construir la esperanza.
Gracias Maestro.
También quiero reconocer la
capacidad organizativa y concepto de cohesión del sistema de danzas, un buen
ejemplo a seguir.
¡Ahora bien! ¿Qué hacer?
Vivimos en una sociedad ansiosa de respuestas, con una muy particular característica,
ausencia total de preguntas y sobre todo las más significativas:
¿Qué quieres, que te interesa
y que nos importa?
Ya que cuando identificamos la
situación, es cuando nos preguntamos. ¿Por qué?
Descubrir nuestras necesidades
es el principio de la conciencia ética, lo que nos llevara al inicio del
discurso y este para la acción.
Si preguntamos:
¿Puede el sistema satisfacer
todas nuestras necesidades?
Si la respuesta es si, aunque
fuera de mínima manera. Entonces porque estamos acá haciendo esta propuesta.
¿Qué hacer?
Cuando un sistema, cualquiera
que este sea y en el entendido que somos parte del mismo produce, aun de manera
no intencional, una condición que afecta a la mayoría, significa que el sistema
no es éticamente justo. Es entonces imperativo desarmar el sistema para
entender las causas de su ineficiencia e inoperancia.
Como individuos y como
sociedad debemos ocuparnos de lo exigible y esto no es más que el actuar
permanentemente en función de la justicia, para lo cual en conjunto debemos
dotarnos de mecanismos y procedimientos que nos indique si una norma es justa o
no.
Estos mecanismos no son
elementos sacados de una chistera, son creaciones colectivas de acciones
consensuadas cotidianas que luego se regularizan.
Luego de esta tarea debemos
generar lo que será un nuevo modo de relacionamiento en condiciones mínimas,
pero colmado de civismo, pluralidad y democracia con elementos mínimos de
justicia que abarque todo, cuyos planteamientos deben ser mínimamente
alcanzables para todos.
Uno de los supuestos que
expresamos acá indica que todos actuamos en función de la razón del bien.
¿Pero qué es lo bueno?
Lo realmente bueno es lo que es bueno para todos, no para un segmento particular y menos
aún si lo bueno se reduce a un beneficio particular de un individuo, lo que en si ya es un error puesto que es una acción imprudente.
¿Cuál es el procedimiento
para determinar si una norma es justo o no?
Cuando todos los afectados
por ella, le dan su consentimiento, luego después de un dialogo entre todos en
condiciones de igualdad. En la expectativa de un comportamiento reciproco.
¿Pueden todos los afectados
por la norma asistir al dialogo?
La respuesta es que deseable,
pero sabemos que existen limitaciones multifacéticas que le impide estar allí.
Es por ello que de manera conjunta debemos asumir el compromiso racional de
elevar el nivel de vida de todos los afectados. Algunos de los participantes pudieran
pensar que es una tarea que no podrá darse, pero en el concepto de la idea
regulativa de Kan, nadie me puede asegurar tampoco, que no se dará.
En
conclusión:
Luego de que cada sector de
la cultura se haga las respuestas necesarias dentro de este marco conceptual, debemos
llegar a una especie de consenso en la que debemos proponer una idea concreta,
con líneas de acciones bien definidas para cada una de las áreas que nos
componen como sociedad cultural, sin dejar de observar que pertenecemos a un
ecosistema mucho más amplio, que entienda el sistema que de ninguna manera
estamos reclamando para nosotros en particular ningún tipo de privilegio.
Que estamos conscientes como
parte de esta sociedad, de todos y cada uno de los problemas y/o situaciones
que nos aquejan. Sin embargo, estas no deben ser justificativas para la
inacción o la inoperancia, al contrario, deben ser una oportunidad para la
demostración de la creatividad y el atrevimiento de dejar de pensar “desde la
caja”.
La sociedad cultural tiene la
responsabilidad de convertirse en vocería calificada contra las iniquidades
manifiestas donde se encuentren, porque estas constituyen la llaga infecta de
la podredumbre social que de no corregirse hará metástasis.
El estado y sus instituciones deben reconocer la importancia de la voz crítica del hecho cultural y hacer causa común en la necesidad de extirpar de manera ejemplarizante tales comportamientos y realzar la valides de educar con el ejemplo la ética de las virtudes ciudadanas.
Es muy importante para la sociedad cultural, la observancia permanente de nuestras propias actuaciones ya que este proceso tiende a ser muy dinámico, en lo cual pudiéramos haber excluido a mucha gente, recordemos que nuestra mayor riqueza es la participación de todos los afectados, bajo un modelo plural, democrático y en lo posible con una participación simétrica en la convocatoria para construir el dialogo, si no es así entonces tocaría comenzar de nuevo.
José Gregorio Palencia Colmenares.
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2 comentarios:
Saludos Sr. Jose Gregorio.
Muy interesante el escrito...
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